Casi cualquier local sabe de memoria lo que cuesta imprimir su carta. Muchos menos saben lo que cuesta estar equivocado durante seis semanas. Ese hueco es el que conviene mirar, porque ahí está casi todo el dinero.
Una carta impresa congela tu oferta el día que entra en imprenta. Si sube un precio de proveedor, sale un plato o llega antes un producto de temporada, la carta de la mesa ya está mal. La diferencia la asume el local, o la explica la sala mesa por mesa, y normalmente ambas cosas. Nada de eso aparece en la contabilidad como coste de carta, pero se paga en cada servicio.
El segundo coste son las horas del equipo. Alguien reescribe el documento, alguien lo revisa, alguien persigue a la imprenta, alguien cambia los encartes de todas las mesas. En una carta pequeña es una tarde. En una carta con bodega y encarte de temporada es más, y se repite con cada cambio.
| Qué cambia | Con carta impresa | Con menú digital |
|---|---|---|
| Cambia el precio de un plato | Esperar a la siguiente tirada o corregirlo en la mesa | Editas el precio y publicas; el siguiente escaneo ya lo muestra |
| Un plato sale de la oferta | La sala lo explica mesa por mesa hasta la reimpresión | Lo quitas de la carta y publicas |
| Empieza la carta de temporada | Hay que diseñar, imprimir y repartir un encarte nuevo | Añades una categoría y la publicas esa misma mañana |
| Se corrige un dato de alérgenos | Reimprimir, o una nota a mano en la página | Corriges el plato y publicas |
| Los clientes leen en otro idioma | Una versión impresa distinta por idioma | Una sola carta, traducida a los idiomas que tengas activos |





